Diseñadores frustrados
Por María Gómez, 9 Marzo 2010, en Comunicación, Marketing
Los malos diseños existen, pero ¿es cosa del propio diseñador o del cliente? Siempre he querido hacer un post mostrando algún trabajo pre y post cliente, pero… la ética me frena.
Los hay que todavía no entienden que la imagen es posiblemente la parte más importante de su negocio, y que deberían cuidarla al máximo, porque… digan lo que digan, la primera impresión es la que queda. Por eso, parte del trabajo de un diseñador es el de intentar asesorar y ayudar a un cliente para que no tome una mala decisión sobre su imagen gráfica, tanto sea una web como una publicidad o un logo. Pero muchas veces es el propio cliente el que impone su criterio pasando por alto tus recomendaciones. Entonces es cuando debería de entrar a trabajar la sutileza y la profesionalidad del diseñador, que se intenta hacer valer dentro de ese mundo donde lo tratan como un bicho raro y donde consideran que se dedica a un trabajo que puede hacer cualquiera.
Estos casos de imposición suelen ser los siguientes:
- Todo más grande: este es el caso de, como bien se dice, ponerlo todo lo más grande posible sin tener en cuenta las prioridades de la información porque para el cliente todo es importante. La consecuencia de esto es, al contrario de lo que el cliente puede pensar, conseguir que no se vea nada.
- Horror vaqui: consiste en esa tendencia a rellenar con cualquier tipo de información todo espacio vacío existente, esos blancos tan necesarios que contribuyen al equilibrio en la composición del diseño, pero que al cliente le parece un desperdicio de espacio y que intenta rellenar a toda costa.
- Intrusismo profesional: se produce cuando el cliente hace más caso de las recomendaciones de algún amig@-hij@-compañer@-conocid@ que tiene un ordenador en su casa y que en sus ratos libres hace dibujitos con el word o se dedica a meterle filtros de photoshop a todas las fotografías que caen en sus manos. Es en estos casos cuando suele aparecer con un papelito que tiene impreso un dibujo sacado del clipart acompañado de una tipografía ilegible formando un “logo” sin ninguna coherencia y con todos los colores del espectro cromático conocido. Y te dice: “quiero esto, a que es bonito?”.
Estamos aquí para ayudar porque el éxito de un cliente también es el nuestro. Pero no siempre logramos nuestro objetivo y entonces sólo nos quedan dos opciones:
- Admitir la derrota. Decirle al cliente que respetas su decisión aunque tú crees que no es la correcta con la mayor profesionalidad posible. Consuélate pensando que tú ya has intentado guiarle y le has asesorado, por lo tanto ya has hecho tu trabajo.
- Pero si esa opción es muy difícil de asumir, entonces deja el proyecto y dile al cliente que está tomando una decisión horrible y que tú no quieres formar parte de ella. Es una decisión muy noble y así salvarás tu dignidad, aunque también tiene sus consecuencias y no podrás pagar tus facturas.
Imagen posteada: diseño de Carlos Hernández “Yo no quiero ser diseñador gráfico”
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Marta comentó,
Ja, ja, ja, qué buen post, me he reído tanto al leerlo, porque más vale reir, en este caso, que llorar, porque dice verdades como casas….
Sin embargo, desde mi experiencia como diseñadora gráfica e ilustradora en diversas agencias hay un punto que me gustaría matizar y que, supongo, no seré solo yo quien lo haya comprobado, ya que en el post se da por sentado que es el diseñador el que le presenta el proyecto al cliente.
El gran error que también cometen las agencias de publicidad, e incluso los estudios de diseño que son montados por alguien ajeno al mundo del diseño y más proclive a la parte comercial, es pensar que el diseñador es ese adosado a un ordenador que nada tiene que tratar con el cliente, ni decirle, ni explicarle, ni presentarle. O sea, que los jefes que tratan con los clientes consideran al diseñador como un mal necesario para ganar su dinerito y los utilizan para hacer el trabajo que ellos no saben hacer o que les llevaría demasiado tiempo hacer… porque saber, ellos siempre saben más que el creativo, no se les puede rebatir o te cortan los….. Por ello, los curritos creativos nunca obtienen la venia de acudir a reuniones con el cliente, y, mucho menos, a tratar con él y explicarle porqué es mejor para él lo que él le ha hecho concienzudamente. No, no, el diseñador o creativo es mejor que se quede amarradito a su ratón detrás de una mampara, que el jefe no quiere ni que el cliente le vea y considera, en el fondo, que no pinta nada en todo esto.
Y creo que este es el mayor mal para el resultado final de la campaña. El comercial nunca le va a llevar la contraria al cliente en los cambios inadecuados que él le pida, como en lo de poner todo mas grande en el diseño porque, para empezar, el comercial tampoco sabe ni valora ni le importa si eso va en detrimento de la campaña en sí. Además, hay que añadirle el hecho de que, para el comercial lo que importa es que el cliente le vea que está a su servicio y se vaya contento y pague el dinero, no que la campaña sea efectiva o no. Es así de triste. Por lo general el cliente no sabe distinguir entre lo que a él le gusta o lo que le sirve para gustar a los demás, y eso es una pena porque tampoco tiene a nadie que le eduque en esto o que le explique, puesto que el comercial que trata con el cliente sabe tanto o más que el cliente y el creativo… sigue amarrado al ratón de su ordenador.
Comentario por Marta — 9 de Marzo 2010 @ 5:47 pm